Un amigo me envió este bonito mensaje que lo recivió a su vez de otro.Lo plasmo aquí a su consideración:
Todos los padres aspiran a mantener una estrecha relación de confianza y amistad con sus hijos sin que por ello lleguen a perder la autoridad como “jerarcas” de la familia.
Sin embargo, y aunque el típico ogro que espantaba a los amigos y se esforzaba en parecer demasiado recto y exigente ya ha pasado a la historia, muchas situaciones
familiares se tornan embarazosas porque los hijos le temen a las reacciones de
los padres ante determinadas situaciones. Algunos niños, por ejemplo, suelen
hacer una crisis cuando reportan una baja calificación o cometen ciertas faltas.
Para sentar bases sólidas que favorezcan un mejor acercamiento entre padres e hijos, la terapeuta familiar y psicóloga clínica del Grupo de Reflexión e Intervención
Psicoterapéutica, GRIP, Dulce Pascual, nos aconseja tomar en cuenta la
comunicación, los límites, el afecto y los valores como elementos básicos para
la formación de dicho contexto.
“La comunicación abierta establece un contacto sin prejuicios. El empeño principal
consiste en conocer lo que el otro tiene que decir. Los límites permiten la
delimitación de los espacios personales; protegen la dignidad de las personas y
regulan el manejo de las relaciones”.
Para que las fronteras cumplan su función deben ser flexibles y balanceadas. “Muchos
padres establecen fronteras tan rígidas con sus hijos que sólo producen
distancia. De esto resultan los sentimientos de abandono y desapego”,
dice.
“Otros crean fronteras tan débiles y difusas que no le permiten a sus hijos crecer hacia la
autonomía. Pueden sentirse sofocados y atrapados, con las alas cortadas”.
Con el afecto nuestros hijos adquirirán un alto grado de seguridad que les permitirá superar obstáculos encontrados mientras crecen.
“Abrazar, besar, acariciar, pronunciar elogios, verbalizar admiración, alimenta
significativamente los depósitos emocionales de nuestros hijos. Muchos adultos
no se `enteraron’ que sus padres les amaban y hoy luchan con las
consecuencias”, explica.
Los valores como la honestidad, la fidelidad, el agradecimiento y los espirituales, de su parte, garantizan la prosperidad de una familia en el futuro. “Moldean laconciencia. Les otorgan a los individuos el poder de dirigir sus vidas sin tomar la de los demás”.
Tomando en cuentaque estos cuatro elementos básicos favorecen un ambiente de acercamiento y confianza entre padres e hijos, reflexionemos sobre cómo conseguir el
establecimiento definitivo tanto de la amistad como de la autoridad en la familia.
ENTRE LA AMISTAD Y LA AUTORIDAD
En este aspecto hay dos elementos básicos a tomar en cuenta: el relacionado con establecer un vínculo de confianza y el relacionado con establecer una relación de autoridad.
RELACION DE AMISTAD
Dulce Pascual nos proporciona los tres elementos básicos para desarrollar la relación de amistad: la empatía, la transparencia y la lealtad.
Con la empatía los padres consiguen ponerse en lugar de los hijos, “tener la capacidad de sentir, percibir y experimentar las situaciones de la forma más parecida que lo
sientan, en este caso, nuestros hijos”.
“Cuando un papá trata de entender los sentimientos que su hijo tiene, va más allá de las
acciones. No se limita a asignar un elemento de valoración a una conducta: ¿qué
hiciste? ¿Lo hiciste bien o mal?”
Comenta que pocas veces los padres se detienen a pensar cómo se sienten los hijos cuando ocurren las cosas, proceder que suele molestar en especial a los adolescentes, que se quejan de que los padres no los entienden y “sólo se preocupan de si saco
buena nota o no; si obedezco las reglas, si me porto bien o no” y, en el
caso de las jóvenes, “si salgo o no embarazada”.
Otro elemento, el de la transparencia, se refiere a la capacidad de mostrarse como uno es con lo que tiene y con lo que no tiene.
“Generalmente los adultos tendemos a escondernos y nos escondemos en forma natural… como una manera de ocultar los errores, las culpas y por temor a ser rechazados. Y no se trata de que usted vaya a confesarse frente a un hijo; nos referimos a la
sinceridad de la propia persona”, aconseja.
“El papá y la mamá pueden aceptar que se han equivocado, que no tienen respuesta para una pregunta, que pueden usar palabras como `estoy confundido’. Puede mostrar que
es un ser humano en ese sentido. Por lo tanto, al momento de conectarse con su
hijo, este no la verá como un Dios, como una persona completa y perfecta que no
falla. La transparencia abre la puerta de lado y lado”.
Explica que cuando el hijo percibe a sus padres como personas con valores que imitar, pero al mismo tiempo como seres humanos que tienen el permiso de equivocarse,
generalmente sentirán más confianza de ir y comentar un problema o confesar una
falta”.
LEALTAD
La lealtad se puede enfocar en diferentes aspectos. Uno de ellos es el aspecto de construir una relación de exclusividad con cada uno de los hijos y no tratarlos de manera comunitaria.
“Como muchos padres no establecen un vínculo individual, cuando hay una falla hablan en plural, lo mismo que en términos positivos. Aparte de que haya un buen sentido
del `nosotros’, del concepto de `familia’, se necesita una relación exclusiva y
la lealtad enfoca la exclusividad con cada hijo, sean dos o sean ocho”.
Pascual dice que la lealtad enfoca también el elemento de la discreción. “Muchos niños se resienten porque sus cosas son temas de toda la familia y a veces llegan hasta
a los círculos de amigos y vecinos porque una mamá, de una manera desinhibida,
en una reunión familiar, hizo un comentario sobre algo que ha pasado con su
hijo sin pensar que eso le puede producir vergüenza, sentimientos de
inadecuación, enojo o simplemente que él no quería que ese tipo de comentario
saliera del espacio de él y su mamá, aunque tal vez no sea algo valorativo en
términos negativos para la madre”.
RELACION DE AUTORIDAD
“Lo primero que debemos tener claro es que la autoridad le pertenece a los padres”,
aclara la terapeuta familiar Dulce Pascual.
Por eso recomienda que se tome en cuenta el orden jerárquico establecido que tiene toda
familia y que es sano y existe.
“Los padres tienen que estar en el nivel de arriba y eso no significa que sean mejores o
superiores, simplemente es el rol que Dios les ha asignado: la responsabilidad
de asumir los hijos y de establecer una dirección”.
Sin embargo, advierte que un manejo sano de la autoridad no puede ser arbitrario y “que los padres tengan el poder no significa que lo puedan usar como deseen, sino
que hay formas sanas e insanas de manejarlo”.
Respecto a los hijos hay también tres elementos básicos para manejar el elemento de autoridad:
PLAN DE GUIA.
Los padres tienen la responsabilidad de establecer un plan de guía para la vida de la familia. “Es como una agenda que incluye los objetivos de vida, hacia
dónde van los hijos. Si los padres no tienen claridad hacia dónde ellos mismos
van y en qué dirección llevan sus vidas, sino que esta se va desarrollando
cuando amanece; si no hay proyectos, ni objetivos para dentro de cinco o diez
años en aspectos físicos, materiales, profesionales, espirituales o
intelectuales, así mismo estarán los hijos”.
Manifiesta que esto no significa que tendrán un horario establecido con el contenido de los días de la vida de los hijos, porque a medida que los hijos van creciendo ellos
irán tomando también las decisiones. “La dirección que necesita un niño
que está en su infancia no es la misma dirección que va a necesitar un
universitario de 17 o 18 años”.
Pero cuando los hijos tienen claridad, aún no les guste en determinado momento la acción o la postura que un padre tome, la acatará.
“Si un padre dice nosotros pretendemos que en nuestra familia hay valores morales
establecidos y que uno de esos valores es la verdad (versus la mentira), ese
valor va a dirigir el plan de vida de la familia y el hijo tendrá claridad de
que en todos lo movimientos que haga en la vida tiene que guardar el valor de
la verdad”.
CLARIDAD EN EL USO DEL PODER.
Es otro de los elementos a tomar en cuenta y, según Pascual, todos los miembros de la familia de alguna forma ejercen poder.
En todo caso los padres deben reconocer que “su poder está otorgado para guiar y dirigir la vida de sus hijos hasta que lleguen a un punto de madurez y autonomía en que
ellos lo puedan hacer solos, desarrollando mecanismos de autocontrol”.
“Los padres deben dar la oportunidad a los hijos de que resuelvan sus problemas con los
hermanos, sin que lleguen al punto de agredirse”.
Si los padres muy protectores intervienen en las discusiones y asuntos entre hermanos,
resolviendo y poniendo todo en su sitio, es probable que esos niños y adolescentes
nunca desarrollen formas de autocontrol y renuncia, situación que puede
repetirse en la adultez y en las relaciones de pareja. “Muchas veces será
necesario que busquen la ayuda de terceros, tal y como lo hacían con mamá o
papá”. dice.
CAPACIDAD DE SER JUSTOS.
Muchas situaciones de injusticia se suceden en las relaciones familiares y se da en casos tan simples como que una cerámica se rompió y como todos se acusan unos a otros y los padres deben “mostrar autoridad”,
entonces “pagan justos por pecadores”.
“El que lo hizo sentirá que el castigo es justo, pero el o los que no, sentirán que se
cometió una gran injusticia en su contra. Si esto llegara a convertirse en una
práctica de vida, puede hacer que la autoridad de los padres frente a los hijos
merme, que no lo respeten ni lo admiren como ellos esperan”.
Asegura que por eso los padres deben tomar acciones rápidas justas dependiendo de la edad de los hijos y de las circunstancias en que ocurren los hechos y “por eso
decimos siempre que el paso crucial es escuchar”.
Originally posted 2011-08-20 20:23:04. Republished by Blog Post Promoter
























